“El mundo pasa para mí, por los libros”. María Esther de Miguel, fallecida en julio de 2003, dejó una obra plena en detalles históricos y personajes complejos. Con su prosa elegante y muy apegada a lo descriptivo, conjugó hechos reales y ficcionados. Nacida en Larroque, Entre Ríos, donde hasta el último día de su vida la respetaron como una “hija pródiga”, demostró desde niña una inclinación por la literatura y la historia. “Bajita, amable, cariñosa, simpática, De Miguel era hija de un inmigrante español y de una madre judía. Tenía ocho años cuando ganó su primer premio literario, por una composición del colegio. Por esos años en su futuro había una duda: ¿escritora o artista de circo?”, señaló el diario Clarín cuando publicó el obituario de la escritora.

































