Viena es un eje del mundo. Revisar la historia de quienes nacieron en esos pagos es un desafío. Por allí una obra se emparenta con la otra que se presenta en esa sala, un diálogo entre dos personajes importantes. Un cazador y una presa. Aquí la oferta del texto se basa en una doctrina previa. Nuremberg definió que, por 22 jerarcas nazis condenados a morir por sus crímenes, la resolución del tribunal permitía la reconstrucción de Alemania sin cargar la mochila de la culpa en un pueblo entero. (Hitler, Himmler, Goebbels y otros altos mandos nazis no pudieron ser juzgados porque se suicidaron al final de la guerra. Otros 22 líderes nazis fueron juzgados en Nuremberg, incluyendo a Hermann Göring, Rudolf Hess y Hans Frank. Además, este tribunal decretó sentencia de muerte por la horca a 12 de ellos) En la obra se define el caso más emblemático del juicio. Uno de esos jerarcas que “era ignorante de cuanto pasaba”. En el texto Diament propone que se entienda: no hay nazi bueno y sólo la mentira o, más al fondo, encontrar un jerarca nazi bueno hacía más verosímil que los crímenes de guerra se cerrasen. El “cazador” de nazis es un trabajo actoral que roza la sobreactuación porque es tentador acorralar al otro personaje.