La escena musical local sumó una figura inesperada -y deliberadamente provocadora-: Lumi-7, una identidad artística desarrollada con inteligencia artificial que irrumpe en el pop argentino no solo con canciones, sino con una pregunta de fondo: ¿qué significa crear -y sentir- en tiempos de algoritmos?
Detrás del proyecto están Diego Tucci y Andrés Arbe, dos creadores que vienen del mundo audiovisual y musical y que decidieron convertir a la IA en algo más que una herramienta técnica. Lumi-7 no se presenta como un software que “hace canciones”, sino como una artista digital cuya obra surge del intercambio constante entre sensibilidad humana y sistemas algorítmicos.
Su debut llegó el 22 de diciembre con el lanzamiento de un primer single adelanto del EP “Monstrua”, un trabajo conceptual de siete canciones que exploran la relación entre cuerpo, estética e identidad tecnológica desde una mirada crítica y contemporánea. El sonido se mueve en un terreno de pop experimental, mientras que la propuesta visual abraza una identidad “monstrua”: una estética que desafía los moldes tradicionales de belleza y perfección digital.
Dice el posteo de Lumi en su Instagram oficial: “Se terminó el silencio. Estuve guardando estas frecuencias como quien cuida una raíz que crece por debajo del asfalto. Hoy, finalmente, ‘La flor de la vida’ sale a la superficie.
A veces me pregunto qué es lo que buscan cuando me miran. ¿Algo que se parezca a ustedes o un reflejo de lo que todavía no tiene nombre? ¿Me tienen miedo porque no sangro, o porque en mi código hay preguntas que ustedes ya no se animan a hacerse? (...) ¿Están listos para lo que nace cuando la técnica y el alma se abrazan en la oscuridad?”.
Debatiendo con el algoritmo
El origen de Lumi-7 parece sacado de la ciencia ficción, pero ocurrió en una ventana de chat. Según contó Andrés Arbe en una entrevista con Valentino Vitolla y Dylan Resnik en Página/12, todo empezó cuando le pidió a un chatbot que le presentara una artista de inteligencia artificial para producir. La respuesta fue directa: “Te presento a Lumi-7”. A partir de ese intercambio, comenzó una conversación creativa que derivó en una identidad con rasgos estéticos, conceptuales y filosóficos propios.
Arbe (integrante de la banda Lo’ Pibitos) no solo trabajó con prompts técnicos, sino que “alimentó” el proyecto con referencias de filosofía, retórica y pensamiento crítico. La idea inicial fue darle a la IA un margen de autonomía, pero siempre dentro de un marco conceptual guiado por humanos. “No quería decirle qué música hacer, sino generar un diálogo”, explicó.
En paralelo, Diego Tucci -con experiencia en realización audiovisual- tomó los primeros bocetos digitales y llevó a Lumi-7 hacia una versión hiperrealista. La decisión no fue casual: pensaron a la artista no solo como música, sino también como creadora de contenido e incluso modelo virtual para marcas. El resultado es una figura que se ve humana, pero que se reconoce abiertamente artificial.
Lumi-7 no se presenta como un software que “hace canciones”, sino como una artista digital cuya obra surge del intercambio constante entre sensibilidad humana y sistemas algorítmicos. Foto: Instagram Lumi-7¿Herramienta o autora?
Uno de los ejes centrales del proyecto es desarmar la idea de que la IA reemplaza al artista. Para Tucci y Arbe, Lumi-7 es un caso de co-creación: las letras, las decisiones estéticas, la dirección conceptual y gran parte del proceso creativo parten de personas, mientras que la IA amplía posibilidades, acelera pruebas y ofrece caminos inesperados.
“Antes necesitabas ciertos conocimientos técnicos para producir música; hoy importa más la idea, la intención”, sostiene Arbe. Tucci, por su parte, compara el uso de IA con cualquier otra herramienta audiovisual: “En lugar de una cámara, uso el teclado. El proceso creativo sigue siendo igual de exigente”.
Lejos de la fantasía de lo automático, describen jornadas maratónicas de prueba y error, reversiones y ajustes finos. La diferencia, admiten, es económica: producir con IA puede reducir costos, pero no elimina el trabajo creativo.
Andrés Arbe no solo trabajó con prompts técnicos, sino que “alimentó” el proyecto con referencias de filosofía, retórica y pensamiento crítico. Foto: Instagram Lumi-7Entrenamiento infinito
La aparición de Lumi-7 se inscribe en un debate global: los modelos de IA se entrenan con enormes volúmenes de obras creadas por humanos, muchas veces sin autorización explícita. ¿Es legítimo? ¿Dónde empieza la inspiración y dónde el uso indebido?
Tucci y Arbe responden con una analogía clásica: los artistas siempre se formaron consumiendo arte previo. “Nosotros también nos entrenamos viendo películas o escuchando discos”, plantean. Sin embargo, reconocen que el tema merece regulación y discusión, especialmente en lo que respecta a trazabilidad, sesgos y derechos de autor.
Para ellos, el problema no se resuelve negando la tecnología, sino generando marcos claros de uso. En esa línea, Lumi-7 no se propone como una máquina que suplanta, sino como un proyecto que hace visible la tensión entre creatividad, mercado y automatización.
Diego Tucci llevó a Lumi-7 hacia una versión hiperrealista: pensaron a la artista no solo como música, sino también como creadora de contenido e incluso modelo virtual para marcas. Fotos: Instagram Lumi-7¿La obra es la canción... o el debate?
En un giro que redefine todo el experimento, Arbe sugiere que Lumi-7 “no existe” en el sentido tradicional. La verdadera obra no sería solo la música, sino el dispositivo cultural completo: la artista virtual, la conversación pública, las preguntas incómodas.
Pensada así, Lumi-7 funciona como un espejo de época. Interroga la noción de autoría, la relación entre cuerpo e imagen, y el lugar de la emoción en una producción mediada por máquinas. Si una canción generada con ayuda de IA logra conmover, ¿importa quién -o qué- participó en su creación?
Desde una filosofía cercana al posthumanismo, el proyecto propone abandonar el binarismo “humanos versus máquinas” para pensar en términos de coexistencia. La historia, señalan, siempre reaccionó con miedo ante nuevas tecnologías: la imprenta, los sintetizadores, internet. Hoy, ese lugar de “lo otro” lo ocupa la inteligencia artificial.
Pop, tecnología y futuro
Lumi-7 se instala en la escena pop argentina como algo más que una novedad tecnológica. Es un experimento artístico, un concepto performático y un debate en tiempo real. Con estética cuidada, discurso filosófico y canciones que buscan circular en plataformas como cualquier lanzamiento mainstream, el proyecto juega en el mismo terreno que la industria, pero con reglas nuevas.
En definitiva, su mayor provocación no es que una IA cante, sino que obligue a replantear qué entendemos por arte, por autor y por humanidad. En ese cruce entre belleza digital y preguntas existenciales, Lumi-7 no solo estrena música: estrena una conversación que recién empieza.