Un concierto precedido de más de un año de intenso trabajo y de un meticuloso protocolo sobre impacto medioambiental supervisado por la Dirección Nacional Antártica (DNA) argentina que ha implicado el uso de auriculares y la cuidadosa instalación de más de 25 toneladas de equipos, incluidas placas solares, para evitar cualquier tipo de impacto en el entorno.
“Ha sido una experiencia única, la he disfrutado muchísimo”, explicaba poco después del concierto Kirk Hammett, guitarra de la banda, para quien el uso de auriculares entre el público no supuso problema alguno dado que los músicos utilizaron el sistema habitual para comunicarse con sus propios audífonos.
Tampoco el frío -que llegó a alcanzar los dos grados bajo ceroafectó al grupo porque dentro de la carpa la temperatura fue “totalmente normal” y el clima con el público “muy cálido”, agregó.
La presencia de Metallica en Carlini alteró, por un día, la actividad de las bases cercanas y convocó a científicos de Uruguay, Chile, Polonia, Corea del Sur, Rusia, Brasil y Alemania, que se mezclaron con los 19 admiradores de la banda seleccionados en cinco países latinoamericanos para asistir al concierto en la Antártida.
“Me parece que estuve en otro mundo. Esto no se repite nunca más en la vida”, repetía emocionado el joven chileno Roberto Peñafoundes, uno de los ganadores del concurso organizado por “Música Zero”.
“Hemos entrado a formar parte de la historia de Metallica, estamos en el único concierto de la banda en la Antártida, es increíble” apuntaba el argentino Sergio Maldonado.
“Extraño pero buenísimo. Espectacular. Se tomaron todas las providencias para cuidar el medio ambiente y se hizo un concierto de excelencia”, opinaba por su parte Guido Fernández, oficial de la base chilena Frei.
“Es bueno hacer foco en la Antártida para proteger un patrimonio de la humanidad, un lugar de paz y ciencia, donde no importan banderas”, agregaba Fanny Vieria, doctora en la base uruguaya.
Superado el desafío antártico, Metallica piensa ya en un nuevo disco para el próximo año y en otro reto.
“Nos encantaría hacerlo otra vez”, bromea Hammett, que no descarta volver a tocar entre los hielos, aunque bien podría ser, aventura, en un lugar como Groenlandia.