“Aquí yace Molière, el rey de los actores. En estos momentos hace de muerto, y de verdad que lo hace bien”. Este hilarante epitafio fue escrito por el propio Jean-Baptiste Poquelin mientras transitaba sus últimas horas de vida, tras una representación de su obra titulada “El enfermo imaginario”. La frase pone de relieve el lugar central que ocupaba el teatro en la vida de este dramaturgo: hasta su propia muerte estuvo regida por los dictados de ese momento vivo y decisivo que es la escena. El “convivio” entre el público y los actores, diría Jorge Dubatti. Cuentan que ese último protagónico lo hizo cansado y enfermo, dejando este mundo casi de la misma manera en que vivió: consagrado al artificio.




































