En Briones, las temáticas son el trazado, el contorno en el que se acomodan las preocupaciones del momento. Su pulso varía, como su look. Así, algunas de las obsesiones expuestas a lo largo de su obra son las garantías, la díada morir-matar, la vigilancia, la mentira, Internet, los ideales y los ídolos. “Milagros inútiles” trae a colación, nuevamente, este último tópico. Pero no del mismo modo que en “Soldado”, donde “hablo de mi generación”. Igualmente, aclara Nahuel, “a veces, cuando hago una visión del presente estoy hablando de la generación que me influyó. Cuando sos chico, no ves todo el entramado y la parte que está atrás del rock pop masivo. Pienso que de los artistas de rock de los ‘80 y ‘90, el 90% me defraudaron. No solamente a nivel político-conceptual, sino a nivel artístico. Seguís a una banda y a los 10 o 15 años, la música que hacen es una mierda. ¿Qué pasó? ¿Llegaron ahí porque había una estructura que te vendía eso? ¿O por qué perdieron esas ganas de hacer cosas más interesantes? Es muy difícil mantener ese nivel de influencia positiva”.