-La principal experiencia fue la pandemia. Ese tiempo de desapego y de quietud. De introspección obligada. Fue muy duro en lo personal porque yo hacía un año que había empezado a cantar en la Fernandez Fierro, y tenía una vida muy “para fuera”, de mucho escenario, viajes, notas. Esa desilusión de repente fue transformada en un reencuentro con el piano entre cuatro paredes, con la posibilidad de volver a estudiar, con la conexión con un deseo que tenía un poco abandonado, que era mi “carrera solista”, si bien cada tanto la alimentaba, había quedado en segundo lugar por mis exigencias como intérprete. La segunda experiencia que puedo mencionar que forjó este disco, fue dejar todos mis trabajos como intérprete para enfocarme en la composición de canciones. Fue una decisión muy consciente, la más consciente de mi vida creo, y de repente me hice de unas cinco horas por día para estudiar y componer. Al principio fue tremendo, me enfermaba, lloraba, me arrepentía, dudaba y quería volver atrás.Hasta que empecé a enfocar y en ese tiempo “ganado”, empecé a escribir historias, recuerdos. No creí estar hablando siempre de mí, muchas veces escribí sobre libros, series u historias de personas allegadas. Pero cuando seleccioné el material, y re-escuché las canciones, me di cuenta de que todo el tiempo estaba hablando de un “yo”, muriéndose, y por consiguiente otro naciendo. Creo que todo sucedió de manera simultánea, las canciones hablando de morir y renacer, y yo mudando la piel al mismo tiempo, hasta el punto de sentir que después de este disco, no soy la misma.