"No es un río" comienza con una imagen tan potente como premonitoria: tres hombres (Enero Rey, el Negro y Tilo) se esfuerzan desde el reducido espacio de un bote para extraer una raya de enormes proporciones del fondo del río. En esa lucha, que también los obliga a mirarse hacia adentro y revisar sus propias debilidades, se sintetizan en cierto modo las fuerzas que permanecerán en tensión durante toda la novela. La última que escribió Selva Almada y que representa de algún modo el cierre de la trilogía que comenzó con "El viento que arrasa" y prosiguió con "Ladrilleros", donde la autora entrerriana revisa, con una mirada ácida que nunca pierde de vista la belleza formal, el universo de los varones con sus rituales y tradiciones.


































