¿Cómo es que un fisicoculturista de insulsa expresión facial que nunca pudo despegarse del marcado acento austríaco heredado de su origen europeo logró erigirse en una estrella de cine y en un ícono del cine de acción? Principalmente (creemos) por dos motivos fundamentales: su capacidad para convertir sus debilidades en fortalezas (algo ostensible en toda la saga de “Terminator” y para elegir con habilidad quirúrgica cada una de las películas en las que intervino, al menos en el primer tercio de su carrera, que le garantizaron gloria eterna.


































