-La obsesión en sí misma, como búsqueda literaria, estaba sedimentada en la lectura. Yo me dedico a los libros de mil maneras distintas. La lectura es el 60-70% de mi trabajo: como profesora, como lectora editorial, como scout... Quizás se ha vuelto más profesional en los últimos años. Siempre están ahí. Terminé de leer la novela de Daniel Saldaña Parìs, que es sobre la Ciudad de México, y dije: ¡Ay, qué interesante! Hay gente a la que le interesan cosas (risas): le interesan la arquitectura, los animales, la música... A mí me interesan los libros. Yo me mudé muchas veces pero mi biblioteca está buenísima, la cuido un montón. Soy una loca de los libros. Entonces, fue bastante orgánica la manera que encontré de justificarlo textualmente: ella no puede hablar con él (eso implicaría un rompimiento), entonces le habla a través de libros. Le pone libros sobre la mesa porque no le puede decir lo que le pasa.