A principios de la década de 1930 -la última de su vida, dado que sería fusilado en agosto de 1936- el poeta y dramaturgo Federico García Lorca concibió la que tal vez sea su obra teatral más lograda: “Bodas de sangre”, que se estrenó en 1933. Cuentan las crónicas históricas que le sirvió como materia prima un hecho real ocurrido en 1928, que tuvo amplia repercusión en España. Lo cierto es que el granadino logró, desde la apelación a un paisaje andaluz, establecer una mirada acerca de lo trágico que se vuelve universal.

































