Seré breve: cuando hay un texto teatral hay posibilidades de hacerlo, hacerlo crecer, romperlo y volver, pero hay un eje. No hay teatro sin un texto, al menos en el teatro comercial para distraerse de los avatares de la vida y seguir. Sin texto nada bueno puede suceder. Serían solo fotos. Momentos. Estatuas que hablan. En la platea el espectador se asustaría; yo también.



































