—Entre 1969 y 1970 y toda la década, fue bastante complicada. Pero sobrevivimos. Viví, dentro de lo posible, con limitaciones y sustos. Problemas de trabajo, problemas políticos. También con una expectativa muy grande de que todo se solucionara. Algunos se quedaron en el camino y lo lamentamos mucho. Había una generación tan talentosa que hasta el día de hoy son los íconos: Caetano Veloso, Gilberto Gil, Vinicius de Moraes, Tom Jobim… Fueron los grandes inspiradores. Yo lo viví al lado de ellos, compartiendo el mismo espacio. Siempre consideré que tuve una oportunidad única. Poca gente vivió lo que me tocó a mí. Salí de Bahía, para otro estado como San Pablo y después Río de Janeiro. Siempre tuve una mano, un hombro: desde mi exmarido hasta amigos que aparecieron para verme cantar y me incentivaron. Viajé de un lugar a otro y conocí nuevas culturas, que influenciaron mucho mi visión del mundo. En 1974, fue la primera vez que viajé sola para Japón y gané el segundo lugar como mejor intérprete al cantar “Você abusou”. Un milagro de la música. Fui la precursora y es un orgullo para mí. Pasaron los años. Tenés que matar un león cada día porque aparece mucha gente, muchas modas, y un poco se olvidan de tu trabajo. Siento eso por momentos: hay cosas que la gente olvidó de María Creuza o no le está dando la importancia que debería dar. Pero es natural después de tantos años. Yo tengo esa capacidad de observación que espero no perder. Porque sé que no se puede estar todo el tiempo vigente y que la gente te bese los pies. Esa es una mala costumbre del artista. Yo sobreviví y tengo mucho por decir y cantar. (NdR: Maria frena, para atender a su perrita Matilda. “Está llena de personalidad”, dice de su mascota, que en ese momento le reclama compartir el lugar fresquito).