Con el verano llegaron las colonias, las visitas a las piletas de los complejos recreativos y los juegos infantiles en patios y plazas. Pero con todo esto, además, llegan los piojos, esos pequeños e insufribles insectos que se suben al cabello y no dejan de picar. Y que se "mueven" de cabeza a cabeza, de niños a madres y padres y así, en una cadena de contagio.

































