Y muchas de las historias que nos han llegado sobre los emperadores, como los excesos de Calígula, Nerón y Domiciano y en general, los emperadores asesinados eran demonizados tras su muerte. En cambio a los que lograban morir en la cama y organizar su sucesión, se les recuerda como generosos y devotos con Roma, porque a la historia la escriben los vencedores. Tanto Suetonio, autor de Vidas de los doce césares, y Tácito, autor de los Anales, trabajaban para el emperador Trajano. ¿Y qué mejor para hacer quedar bien a este emperador que hablar mal de los anteriores? Por ejemplo, Domiciano es recordado como un tirano cruel, pero fue un emperador “muy eficiente, buen administrador, perfeccionista y recto”. Como muestra, las monedas de plata y oro de su reinado tenían un 99% de pureza, lo que significaba que las cuentas estaban saneadas.