Ya falta poco para la Nochebuena y los chicos son los principales destinatarios de los regalos. Algunos les escriben una carta a Papá Noel; otros les piden sus deseos al Niño Dios. En este punto, los adultos jugamos un rol fundamental.
En los últimos años, nuestra sociedad de consumo ha ido afinando la puntería con un nuevo consumidor: los niños. “Los padres vienen a la juguetería con algo ya definido porque los chicos se lo piden por la publicidad que ven por la tele. Por ejemplo, piden mucho el ratón Mickey por el Disney Channel”, cuenta Silvia Vallverdú, de Toy’s Park.
Por su parte, la psicoanalista Florencia Pacitti remarca la “responsabilidad que tienen los adultos en cuanto a preservar a la infancia de esa lógica de consumo y saber poner un límite a los pedidos de los niños”. Esta postura también es compartida por Georgina Cánaves, al frente de Ideas (San Jerónimo 1956). En esta casa de cultura infantil, se ofrece “un acompañamiento al adulto y un criterio que lo ayude a elegir, pensando en el niño”. “Tratamos de que al chico no le formateen sus deseos. Hay una presión: el chico está muy visualizado como consumidor, si no hay un mediador adulto que oriente”, explica Cánaves.
Animarse a sorprender
A los padres, tíos y abuelos que buscan un regalo, Georgina les recomienda que “sorprendan a los niños, si no terminan obedeciendo las leyes del mercado y salen todos a comprar lo mismo”. Por eso invita a pensar en las necesidades, deseos y la realidad de cada niño.
También apuesta a la carga significativa que puede tener un objeto por estar en las manos de un adulto al que el chico admira y quiere. “Si un padre, un tío o un abuelo le regala algo que sorprenda al chico, aunque no sea lo que éste pidió, el objeto va a estar cargado de sentido, que tiene que ver con el afecto”, asegura.
Este objeto sorprendente no tiene nada que ver ni con la espectacularidad ni con la novedad. “Es importante que el chico aprenda a disfrutar con lo pequeño. Hay pequeñeces muy curiosas, que no tienen ninguna legitimidad ni de los medios ni del mercado. Quizás sea algo con lo que uno jugó cuando era chico y se lo quiere transmitir a un sobrino, hijo o nieto”, cuenta.
Cánaves propone “no impactar con la novedad, sino que queden enganchados con el jugar, algo que los motive a volver a hacer eso” y rescata la importancia del lazo afectivo: “A lo mejor, lo que más necesita el chico es un pajarito silbador con agua y que el papá se siente a jugar con él”.
Este punto es compartido también por Laura Weisvein de Giro Didáctico -una cadena de jugueterías con sucursales en Rosario-: “Está en los adultos hacerle conocer los juegos a los chicos y jugar con ellos. Si el papá o la mamá propone jugar a un juego de mesa, seguro que los chicos se van a enganchar”.
Muñecos, un clásico
Muñecas y muñecos siguen siendo los preferidos de los chicos. Existen diversas líneas -algunas clásicas como los personajes de Walt Disney y otras más novedosas, como Ben 10-. Princesas y hadas hacen las delicias de las nenas, aunque desde Ideas proponen: “Así como una nena puede jugar con una ‘Barbie’, también puede jugar con una chola latinoamericana”. También invitan a buscar otros materiales y texturas, además del plástico. Un Pinocho de madera es muestra de esta propuesta. “¿De qué otro material podría ser?”, se pregunta Georgina.
A los chicos les gusta crear. Por eso los juegos de construcción siguen siendo los más buscados: Lego, Rasti y una nueva línea de Star Wars con los más elegidos. En el caso de las nenas, los juegos de expresión artística y manualidades también son uno de los preferidos: para armar collares y carteras, pintar, bordar y tejer.
Instrumentos de música, libros interactivos, juegos para PC, osos de peluche, títeres, juegos ciencia y animales completan las opciones. La oferta es variada -en cuanto a productos y precios-; la compra dependerá de las necesidades del niño y del criterio del adulto. “No hay un solo juguete válido para todos. Quizás a un chico lo hace feliz determinada cosa y a otro chico, otra”, concluye Georgina.





























