Las celebraciones romanas dedicadas al dios Saturno se realizaban tras el solsticio de invierno, para recibir los días más largos que se aproximaban. En tales festividades, se elaboraban unas tortas redondas con higos, dátiles y miel que, luego, se repartían entre el pueblo y sus esclavos. Alrededor del siglo tres, comenzó a introducirse en la masa un haba seca: quien la hallara en su porción sería nombrado “rey de reyes” por un rato.


































