Cuando unos meses atrás trascendió primero extraoficialmente la noticia de que Joaquín Sabina había incluído a la capital de la provincia en su gira por el país muchos la recibieron con la boca abierta. Comenzó la venta de entradas y la promoción del show y la cosa estaba cantada. La semana previa al show fue de un mal clima constante. Pero como si todo estuviera digitado de antemano, el domingo fue el único día en que el alerta meteorológico se tomó descanso. Todo encajó perfecto en una noche soñada por muchos y esperada por todos.
A las 18.30 abrían las puertas del estadio y el clima del recital comenzaba a respirarse más que ansioso urgente por que pasen las dos horas y media que restaban hasta el incio del show.
El escenario se mostraba dispuesto con túneles coloridos y un paisaje de ciudad como telón de fondo. Sin muchas ambiciones la apuesta escenográfica se completaba con las luces de rigor y en dos niveles, uno para los instrumentos y un buen espacio para que Joaquín se despliegue a sus anchas.
Tiramisú de limón fue el elegido para el puntual inicio de las 21.07 y en realidad la primera impresión del show no fueron las luces, ni los colores del escenario, ni la expectativa por ver entrar al cantante. Sobre el piso superior del escenario, Marita Barros -mucho más que el coro de Joaquín- improvisaba movimientos extraños. Si era una desconocida danza del Viejo Mundo, era muy desconocida, sus movimientos hasta tenían un ritmo. Usaba sus manos y aplaudía en el aire, en distintas partes de su cuerpo y sonreía sin cesar. Las luces luego hicieron más claras las cosas, era una plaga que llegó para quedarse.
Una cantidad incontable de langostas, grillos y demás insectos subieron al escenario dispuestos a no dar tregua. Como si hubieran hecho un complot los grillos de puro celosos por saber que en Santa Fe alguien venía dispuesto a cantar sin estridencias los alados animales intentaron en vano robar el centro de la escena.
Durante las dos horas que duró el show Sabina jugó el juego que mejor le queda. Seductor y gracioso sobrellevó el asedio del "parque jurásico", de los "dinosaurios alados", con una sonrisa en el rostro y dando pisotones de a ratos, no para bailar el malambo sino para tomar venganza.
Hasta el final con Pastillas para no soñar sonaron clásicos y modernos en un ir y venir exquisito. Hubo momentos de deleite extremo como Peor para el sol, otros de pura diversión como "Princesa" y hasta un momento para homenajear Con la frente marchita a quienes están en el cielo de las estrellas con mención especial para Sandro, la Negra Sosa, el petizo Guinsburg, Tomás Eloy, Borges y el Negro Fontanarrosa.
19 días y 500 noches, Y nos dieron las diez, Noche de bodas, Por el boulevard de los sueños rotos, Aves de paso, La Magdalena. Definitivamente otras canciones quedaron afuera. Seguramente hubiera sido mejor darle una bienvenida sin vecinos invasores. La gira todavía debe llevarlo a Neuquén el 11 de Febrero, Mendoza el 13 y finalmente, Rosario el 17 de febrero. Fue una memorable noche para todos y queda pendiente un nuevo encuentro en el que todos esperarán que nadie llegue sin invitación previa.

































