Es noche cerrada en el mar. La proa roja del Sandokán rompe las olas. Su botalón se clava como una aguja en el agua y desaparece. Cose las olas. Asoma y desaparece. Asoma y desaparece. El barco avanza rumbo a Argentina. Es un velero de 40 pies de eslora que partió hace días atrás desde Angra Dos Reis con destino final en el Yacht Club Argentino de Puerto Madero, en Buenos Aires. Son unos 15 días de travesía marítima, con tormenta incluida. Poco más de 1.300 millas. Ahora el barco atraviesa una leve tempestad antes de arribar a Río Grande Do Sul. Antes atravesó Camboriú, Ilhabela, Florianópolis e Itajaí. Silba el viento. Hay que estar atentos al radar para evitar el paso de los grandes buques cargueros. Navegar casi a ciegas con la confianza en el barco y en la información que aporta el instrumental. Ajustar el rumbo cada vez y trimar el velamen. Navegar.




































