Cada mes de febrero, la cascada Horsetail Fall ofrece un espectáculo tan breve como impactante en el Parque Nacional Yosemite, en California, Estados Unidos.
Las intensas nevadas y la nubosidad complicaron la visualización del “Yosemite Firefall” en el cerro El Capitán, donde cada febrero, por solo unos minutos y en circunstancias perfectas, el agua luce tonalidades incandescentes ante miles de espectadores.

Cada mes de febrero, la cascada Horsetail Fall ofrece un espectáculo tan breve como impactante en el Parque Nacional Yosemite, en California, Estados Unidos.
Durante algunos minutos al atardecer, la luz del sol tiñe el agua de tonos anaranjados y dorados, generando la ilusión de una corriente de fuego que desciende por el paredón de granito del cerro El Capitán.
El fenómeno, conocido como “Yosemite Firefall”, solo se produce cuando coinciden varios factores: suficiente deshielo para alimentar la cascada, cielo completamente despejado y el ángulo exacto del sol en los días finales del invierno boreal. Esa combinación atrae cada año a miles de visitantes que buscan presenciar un efecto óptico que puede durar entre cinco y quince minutos.
Para 2026, la administración del parque informó que el período más propicio se extiende del 10 al 26 de febrero, aunque las condiciones meteorológicas no siempre acompañan. Temporadas con fuertes nevadas o nubosidad persistente pueden reducir el caudal o impedir que la luz genere el resplandor esperado.
La cascada es estacional y depende del deshielo acumulado. Sin agua suficiente, el “río de fuego” pierde intensidad; con un flujo abundante, en cambio, la franja luminosa se vuelve más definida sobre la roca. Incluso un velo de nubes puede arruinar la escena segundos antes del momento clave.
El fenómeno ganó notoriedad en la década de 1970 gracias al fotógrafo y naturalista Galen Rowell, cuyas imágenes despertaron el interés global. Desde entonces, aficionados y profesionales viajan cada año a Yosemite, incrementando notablemente la afluencia durante febrero.
El nombre “Firefall”, sin embargo, tiene un origen distinto. En 1872, James MacCauley ideó un espectáculo artificial que consistía en arrojar brasas encendidas desde Glacier Point hacia el valle. El evento se mantuvo durante casi un siglo, hasta que en 1968 las autoridades lo cancelaron por su impacto ambiental. Años más tarde, el término quedó asociado al fenómeno natural de Horsetail Fall.
Ante el creciente interés, el parque implementó en distintas temporadas sistemas de control y reservas para ordenar el acceso y minimizar daños en el entorno. Aunque en 2026 no se exigen cupos especiales, los visitantes deben prever bajas temperaturas y caminatas de varios kilómetros hasta los puntos de observación habilitados.
Efímero y condicionado por la naturaleza, el “Yosemite Firefall” se consolidó como uno de los espectáculos naturales más singulares del planeta: una conjunción precisa de agua, luz y roca que, por unos instantes, convierte la montaña en una cascada encendida en plena Sierra Nevada.




