El banco de desarrollo estatal brasileño vendió su participación con derecho a voto en el gigante petrolero Petróleo Brasileiro SA, recaudando 22.000 millones de reales (casi USD 5.200 millones) como parte de una ola de ventas de activos con el fin de dar marcha atrás a años de creciente influencia del Gobierno en la mayor economía de América Latina.
































