Lo que parecía un descenso más por una ladera nevada de los Alpes Suizos se transformó en un rescate urgente y desesperado. Un esquiador profesional frenó en seco al notar un detalle inquietante en la superficie: un brazo que se agitaba débilmente bajo el manto blanco.
El deportista se acercó de inmediato y entendió la magnitud del cuadro. No era una caída común. Parte de una bota también asomaba entre la nieve y el resto del cuerpo estaba completamente enterrado. La escena sugería un arrastre por avalancha y una víctima atrapada sin margen.
El indicio que encendió la alarma
El rescatista fue Matteo Zilla, quien luego contó que en un primer momento dudó de lo que estaba viendo. Pero la combinación del brazo visible y el calzado le confirmó que alguien estaba sepultado y necesitaba aire de forma urgente.
Sin dudarlo, se arrodilló y empezó a apartar nieve con las manos, a pura fuerza y con movimientos rápidos. El objetivo era claro: llegar al rostro cuanto antes y abrir un espacio para que pudiera respirar.
Mientras removía, le hablaba a la víctima, buscando una respuesta y midiendo si seguía consciente. En un escenario así, cada segundo pesa: la nieve compacta puede bloquear la respiración y agravar el cuadro en pocos minutos.
“No pensás, solo hacés lo que tenés que hacer”
El propio Zilla difundió el video del rescate en redes sociales. Allí se observa el esfuerzo sostenido durante varios minutos, hasta lograr liberar primero la zona del rostro, después el torso y finalmente el resto del cuerpo.
Contra lo que suele ocurrir en este tipo de incidentes, el hombre no presentaba heridas de gravedad. Con ayuda del esquiador, pudo incorporarse y moverse por sus propios medios, todavía aturdido por lo que había vivido, pero fuera de peligro inmediato.
Zilla aseguró que actuó por instinto y que recién dimensionó el riesgo cuando todo había terminado. “En ese momento no pensás, solo hacés lo que tenés que hacer”, explicó, al describir el impulso que lo llevó a intervenir sin esperar asistencia.
La secuencia se volvió viral por una razón sencilla: muestra la fragilidad de un accidente en la montaña y la diferencia que puede marcar una decisión tomada a tiempo.