Hace un siglo, gracias a los cables telegráficos internacionales, los lectores santafesinos ya seguían casi en tiempo real las grandes noticias del mundo.
El hallazgo del hidroavión “Buenos Aires” en el Amazonas desató celebraciones en Argentina, destacando el heroísmo de Duggan y su equipo tras días de incertidumbre. Mientras, la vasta red telegráfica de la época conectaba a Santa Fe con el mundo, permitiendo a los lectores seguir en tiempo real eventos de gran impacto internacional.

Hace un siglo, gracias a los cables telegráficos internacionales, los lectores santafesinos ya seguían casi en tiempo real las grandes noticias del mundo.
La edición de El Litoral del 21 de junio de 1926 refleja una jornada marcada por la épica del hidroavión “Buenos Aires”, una crisis política en Francia, conflictos en Medio Oriente y África, y las novedades deportivas que llegaban desde Wimbledon y Estados Unidos.
Pocas noticias despertaban tanta expectativa en la Argentina de 1926 como el raid aéreo que intentaba unir Nueva York con Buenos Aires. Durante días, la suerte de los aviadores Bernardo Duggan, Olivero y Campanelli había sido una incógnita. Por eso, la confirmación de que estaban vivos ocupó los principales titulares de la edición de El Litoral del lunes 21 de junio.
La información llegaba desde Brasil mediante despachos telegráficos reproducidos por el diario santafesino: “Los aviadores argentinos, hallados en una isla del río Amazonas, se aprestan a continuar su raid”.
Los detalles del rescate revelaban las penurias sufridas por la tripulación. Desde Río de Janeiro se informaba que los pilotos habían sido encontrados en la isla Maracá por una canoa de pescadores. “Estaban hambrientos, pues hacía cinco días que no comían. Tenían sus trajes rotos”, relataba el cable publicado en la portada.
Otra crónica agregaba que el pescador Josúro Cardoso les brindó asistencia inmediata: “En seguida les dió pescado frito y agua. Duggan estaba casi desmayado, no así Olivero que es más fuerte”.
La travesía que siguió al aterrizaje forzoso también fue extraordinaria. Los aviadores debieron recorrer una enorme distancia en canoa, atravesando la desembocadura del Amazonas y penetrando en la bahía de Marajó para llegar hasta Vigía, desde donde organizarían el rescate definitivo del aparato.
Mientras tanto, una noticia clave alimentaba las esperanzas de completar la hazaña. El remolcador Pelorus había localizado el hidroavión.
Según informaba el corresponsal de La Nación embarcado en la nave, el avión fue encontrado “en perfecto estado” y abastecido con “gasolina y lubrificantes”, lo que abría la posibilidad de reanudar el vuelo.
El propio Duggan comunicó al Director de Telégrafos de Brasil que viajaría junto a sus compañeros en el remolcador Ernestina para regresar hasta el lugar donde permanecía el aparato y continuar el raid.
La noticia del hallazgo provocó celebraciones masivas en la capital argentina.
El Litoral describía escenas de entusiasmo poco frecuentes. Frente a la sede de La Nación se dispararon “74 bombas de estruendo” y miles de personas colmaron las calles. “Pocas veces se ha presenciado en esta ciudad un acto tan espontáneo”, destacaba la crónica.
Las manifestaciones avanzaron por las avenidas porteñas con banderas argentinas, brasileñas, españolas e italianas. Los vivas no sólo eran para los aviadores, sino también para los países involucrados en la epopeya.
Un dato especialmente emotivo reflejaba el clima social del momento: “El comentario de los manifestantes era la alegría que experimentarían las madres”.
El acontecimiento llegó incluso a la Casa Rosada. El presidente Marcelo T. de Alvear visitó personalmente a la madre de Duggan para felicitarla tras conocerse el rescate.
La magnitud de la cobertura demuestra cómo la aviación comenzaba a convertirse en una verdadera pasión popular y en símbolo del progreso tecnológico de la época.
Mientras Sudamérica seguía la aventura aérea argentina, Francia atravesaba una delicada crisis gubernamental. Los cables publicados por El Litoral informaban sobre los intentos del histórico dirigente Aristide Briand para formar un nuevo gabinete luego del fracaso de Édouard Herriot.
Briand explicaba que Herriot había intentado construir una amplia coalición para enfrentar los problemas económicos del país, aunque sin éxito. “Herriot hizo todo lo posible por lograr dos puntos (...) formar un gabinete de unión sagrada (...) y constituir un gabinete con elementos republicanos”, declaró.
La gran novedad era el regreso a la escena política de Raymond Poincaré, figura central de la política francesa.
Desde París se informaba que “Poincaré entrará en el nuevo gobierno” y que el futuro gabinete dejaría de lado las disputas ideológicas para concentrarse exclusivamente en la recuperación financiera.
La situación económica francesa era una de las principales preocupaciones europeas de mediados de los años veinte y los lectores santafesinos seguían esas novedades prácticamente el mismo día en que ocurrían gracias al servicio telegráfico internacional.
La sección deportiva también ofrecía un panorama internacional.
Desde Los Ángeles llegaba la noticia de la suspensión del combate entre el célebre boxeador francés Georges Carpentier y Huffman. La razón era una lesión en la mano sufrida por el europeo durante una pelea anterior.
En tanto, desde Inglaterra se informaba sobre el inicio del campeonato de tenis de Wimbledon. La cobertura destacaba un detalle protocolar significativo: el torneo comenzó “estando presentes en el acto el rey y la reina de Inglaterra”.
Entre los primeros resultados figuraba la victoria de Kinsley sobre Robson y un encuentro de exhibición en el que Godfrey y Bowmann derrotaron a las reconocidas tenistas Suzanne Lenglen y Ryan.
La edición del 21 de junio de 1926 también mostraba un planeta convulsionado.
Desde Damasco llegaban informes alarmantes sobre la rebelión drusa contra la administración francesa. La ciudad permanecía bajo estado de sitio y los despachos señalaban que “todos los días y también durante la noche, los aeroplanos militares y la artillería francesa bombardean las aldeas” ocupadas por los insurgentes.
En Marruecos, franceses y españoles continuaban las operaciones militares para consolidar el control sobre territorios que aún registraban focos de resistencia. Los avances se producían pocos días después de la captura de Abd el-Krim, líder de la rebelión rifeña.
Alemania, por su parte, debatía el futuro de las propiedades de la antigua familia imperial. Los primeros resultados del plebiscito sobre la expropiación de los bienes de los Hohenzollern indicaban una tendencia favorable a los ex príncipes, aunque la controversia política continuaba.
En Roma, el papa Pío XI celebraba un consistorio secreto para crear nuevos cardenales y designar obispos, mientras que en Chicago el Congreso Eucarístico Internacional reunía a miles de fieles. Uno de los actos más destacados era la participación de un coro integrado por “sesenta mil colegiales”.
La tapa de El Litoral del 21 de junio de 1926 permite comprender cómo los santafesinos de hace un siglo se informaban sobre acontecimientos ocurridos a miles de kilómetros de distancia.
Las noticias llegaban mediante el “Servicio Especial de la Agencia Austral y de nuestros corresponsales”, una red de cables telegráficos que permitía conocer en el mismo día lo que sucedía en Río de Janeiro, París, Berlín, Londres, Roma, Chicago o Damasco.
En una época sin televisión, internet ni radio de alcance masivo, aquella red telegráfica convertía a los lectores de Santa Fe en testigos contemporáneos de los grandes acontecimientos internacionales.
Y aquel 21 de junio de 1926, ninguna historia capturó más su atención que la de los aviadores argentinos que, tras cinco días perdidos en el Amazonas, reaparecieron sanos y salvos junto a su hidroavión Buenos Aires.
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