El Año Nuevo empezó, como marca el mapa, en el extremo oriental del reloj. En el Pacífico Sur, la primera ola de celebraciones llegó con luces sobre el agua y multitudes buscando el mejor ángulo: la postal se repitió en costas, puertos y miradores, con el mismo ritual de siempre y una ansiedad nueva por dejar atrás un año intenso.
Sídney volvió a ocupar el centro del álbum global: el Harbour Bridge y la Ópera se recortaron entre explosiones de color, mientras barcos y costaneras se llenaban de gente. Las agencias mostraron esas imágenes como el “arranque” del recorrido fotográfico que, huso tras huso, terminó muchas horas después en el hemisferio occidental.
El atractivo de esa primera medianoche no es solo estético. También es narrativo: el mundo mira hacia allí para calibrar el ánimo general. Y este inicio de 2026 tuvo un tono reconocible: celebraciones masivas en espacios icónicos, teléfonos en alto y una mezcla de alivio, deseo y euforia en cada conteo.
El Burj Khalifa de Dubái. Foto: ReutersAsia y Medio Oriente: luces sobre rascacielos
Con el avance de la noche, las imágenes se desplazaron hacia Asia, donde las celebraciones suelen combinar tradición y tecnología. En las galerías internacionales aparecieron fiestas urbanas, espectáculos de luces y fuegos sobre bahías y avenidas, con multitudes compactas en puntos neurálgicos y celebraciones más familiares en barrios y templos.
En Medio Oriente, Dubái volvió a jugar su carta más reconocible: el show alrededor del Burj Khalifa, entre fuegos artificiales y pantallas que convierten al edificio en un “tablero” gigante. Las fotos circularon en medios y redes como una de las escenas más compartidas del cambio de año.
Ese tramo de la noche suele condensar el contraste de estilos: desde celebraciones íntimas hasta producciones pensadas para el mundo entero. En 2026, esa lógica se mantuvo. Y el hilo común fue la imagen: lo que antes era un recuerdo se convirtió, casi en tiempo real, en una vitrina global.
Proyecciones y fuegos en el Arco del Triunfo para recibir 2026 en París. Foto: ReutersEuropa: postales clásicas, seguridad reforzada
Cuando el reloj llegó a Europa, el “libro” del Año Nuevo sumó sus escenarios más clásicos. París volvió a tener al Arco del Triunfo como foco, con fuegos y proyecciones que dominaron el cuadro. Londres encendió el cielo sobre el Támesis y el London Eye, en una secuencia que se repite año a año, pero que siempre encuentra un matiz distinto en la marea humana.
Fuegos y luces sobre el Támesis con el London Eye de fondo. Foto: ReutersEn varias capitales europeas, los reportes subrayaron un dato que acompaña cada fin de año: el despliegue de seguridad y controles en el espacio público. No cambió el clima festivo, pero sí marcó el tono de una noche con grandes concentraciones, transporte al límite y festejos prolongados.
Las imágenes, aun con su brillo, también muestran esos detalles: vallados, patrullajes y corridas logísticas para que la fiesta se sostenga. En la fotografía contemporánea del Año Nuevo conviven el fuego artificial y la “cocina” del evento: lo que se celebra y lo que se organiza para hacerlo posible.
Américas: Copacabana y el cierre en Times Square
Con el salto a América, el álbum ganó calor de verano en el sur y un cierre televisivo en el norte. En Río de Janeiro, Copacabana volvió a ofrecer una escena que mezcla playa, multitud y fuegos sobre el Atlántico, una de las imágenes más potentes del continente para la primera madrugada de 2026.
Multitud en Copacabana con fuegos artificiales sobre el Atlántico. Foto: ReutersLa última gran marca del recorrido fue Nueva York. Times Square, con su “ball drop”, aportó el final de película: confeti, fuegos y un mar de gente apretada frente a las pantallas. Reuters y otras agencias concentraron allí la “última” postal del viaje global: cuando en unos lugares ya amanecía, en Manhattan recién se estaba estrenando el año.
Confeti y festejo tras el “ball drop” de Times Square. Foto: ReutersEntre Sídney y Nueva York pasaron casi 18 horas de celebraciones encadenadas. Y la sensación que dejan las fotos es simple: cambian los idiomas, los monumentos y el clima, pero la necesidad de marcar un inicio se repite con la misma intensidad. El 2026 arrancó con esa certeza, a la vista de todos.