El Taipei 101, símbolo de Taipéi y postal inevitable del skyline asiático, amaneció con un silencio extraño: el de la ciudad mirando hacia arriba. En una de sus aristas, Alex Honnold empezó a trepar sin cuerda, sin arnés y sin margen para el error. El “free solo” se mudó del granito al vidrio y al acero.



































