El fantástico Al Lusail está anclado en el puerto de Doha. Se trata de un palacio flotante valuado en 500 millones de dólares. Fue botado en 2017 y recibió el nombre de una ciudad naciente, construida con un destino preciso: ser sede de la Copa del Mundo 2022. Tiene 18 cabinas, con capacidad para 36 pasajeros, y necesita de una tripulación de 56 personas para navegar. Por alguna razón, su propietario, el emir de Qatar, prefirió llegar navegando a Uruguay en dos “superyachts” que abordó en Río de Janeiro: Alfa y Aquarius. Las dos embarcaciones, hipnóticas, llevan 48 horas fondeadas frente al puerto de Punta del Este, al reparo de la Isla Gorriti. El valor de las dos naves, sumadas, roza los 300 millones de dólares.


































