“No la tomamos más porque era hedionda”, recuerda la mujer. Y se refiere a lo que ocurría en su casa hace 15 años, cuando dejaron de beber agua fresca de un pozo abierto originalmente para regar, pero que también era usado para consumo familiar; pozo que dejaron de lado para desde entonces. “Olía feo, a nafta”, dice. Está junto a sus hijos, metida en algunas de las viñas más codiciadas de Mendoza y a pocos metros de lo que fue la finca Fambén.


































