La mala alimentación también juega un papel crucial. La dieta de muchos millennials es rica en alimentos procesados, azúcares, grasas trans y bajos en nutrientes esenciales como hierro, zinc y vitaminas del complejo B, lo que debilita el cabello. Un cabello saludable requiere nutrientes específicos para mantenerse fuerte y evitar su caída. Además, los hábitos poco saludables, como el consumo excesivo de alcohol y tabaco, afectan negativamente los folículos capilares, acelerando el proceso de pérdida.