En los últimos años, el cansancio dejó de ser solamente físico para convertirse en una experiencia mucho más compleja y difícil de identificar. Muchas personas no están necesariamente agotadas por la cantidad de horas que trabajan, sino por la carga emocional que implica sostener su día a día laboral. Es un cansancio silencioso, que no siempre se ve, pero que impacta directamente en la motivación, la energía y la forma en que las personas se vinculan con su trabajo.

































