Días previos al 12 de febrero de 1984, una amiga de Adolfo Bioy Casares lo previno para que le escriba pronto a Julio Cortázar. Está enfermo le dijo, "va a morir". Bioy lo dejó asentado en su diario íntimo, en el día en que acaeció la muerte de quien sentía un amigo. Lamentó que, como siempre, se dejó estar y no le escribió una carta.
































