Lo veía por televisión y pensaba en el tango póstumo de Discépolo: Fangal. En esa letra tan descreída de la inocencia, esa aceptación: me pasa, me pasa porque uno lo sabe e igual sigue. Aviso: siempre pasa. Eso es Discépolo; uno que sabía pero no le importaba. Eso sí: lo contaba. Sus personajes describen la obligatoriedad del destino.

































