¿Cómo están queridos amigos? Una vez más tenemos la oportunidad de escuchar la Palabra de Dios. En este cuarto domingo del tiempo ordinario, la Liturgia de la Palabra nos ilumina con el maravilloso texto de las "Bienaventuranzas". San Mateo, en el Evangelio de hoy lo relata de este modo:
"En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y comenzó a enseñarles diciendo: Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados (...)".
"Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos".
Queridos amigos, todos queremos ser felices. Consciente e inconscientemente buscamos la felicidad, con frecuencia por caminos equivocados. Los medios de comunicación social, la sociedad de consumo nos bombardean diariamente con miles de propuestas: "Sea feliz, viaje"; "Sea feliz, compre"; "Sea feliz, disfrute".
Y usted viaja, compra y disfruta, pero no sé si encuentra lo que busca. Temo decir que no. ¿Las cosas materiales de este mundo pueden satisfacernos plenamente? ¿Se puede comprar la felicidad con la plata, con el poder, o con la fama, como lo piensa con frecuencia nuestra sociedad?
Entonces,... ¿qué es la verdadera felicidad? Muchos filósofos en la antigüedad se preguntaban cómo hacer para vivir bien, o cómo hacer para vivir una vida buena, ofreciendo propuestas interesantes. Hoy en día estas preguntas nos siguen interpelando a todos.
Si vamos al Evangelio, nos encontramos con la verdadera respuesta: "Jesús nos dice que la felicidad no depende de las circunstancias externas, riquezas o placeres pasajeros, sino de un estado interior de gozo espiritual basado en la comunión con Dios, en el amor al prójimo, y en el servicio".
En este breve espacio de reflexión que tengo, es imposible referirse a cada una de las bienaventuranzas. Hoy me permito comentar brevemente la primera, porque constituye el fundamento de las demás. La bienaventuranza "Felices los pobres en el espíritu", significa ser humilde y reconocer la necesidad absoluta de Dios.
Es una actitud de confianza total en la Gracia divina, en lugar de depender de la riqueza material, del poder o de la autosuficiencia. Pregunto: ¿Alguien se dio la vida a sí mismo? ¿Alguien vino al mundo solo? Ciertamente que no. Todo lo que somos, comenzando por nuestra existencia, lo hemos recibido gratuitamente y es una obra preciosa de Dios.
Sin embargo, sorprende lo mucho que nos cuesta agradecer a Dios por la vida. Y me da la impresión que a Dios lo necesitamos cada vez menos, incluso con frecuencia cada vez más lo tomamos al margen de la vida. Y así nos va. En una de sus últimas entrevistas el gran folclorista argentino Horacio Guaraní dio este maravilloso testimonio:
"Ser feliz es una obligación. Es una falta de respeto a la vida y a Dios mismo no ser feliz. ¿Por qué? Porque veo, oigo, hablo, camino, amo. ¿Por qué no ser feliz? No tenés ningún derecho con todo lo que te dio la naturaleza a estar triste, estar amargado. Y lamentablemente, el mundo está triste, el país está triste (...)".
"Miro por la calle a las personas y están tristes, porque el mundo está basado en la base falsa, el dinero, todo el mundo quiere triunfar, y triunfar es ganar plata, si no ganás plata no triunfaste, y ese es el gran error. Hay que ser generoso, hay que tolerar, hay que compartir, hay que reírse, pues la risa es la cosa más linda que Dios le dio al ser humano. Y sin embargo, vivimos enojados (...)"
Me emocionan profundamente estas palabras del querido Horacio, que en su larga y hermosa vida aprendió a confiar en el Señor y a decir: "Por la gracia de Dios soy lo que soy". Queridos amigos, por eso mismo, y para ir concluyendo, me permito preguntarles: ¿Las Bienaventuranzas orientan su modo de pensar, sentir y actuar?
O para ser más preciso y concreto: ¿En la vida diaria, más allá del credo, de la religión o de su profesión, usted se considera una persona humilde, paciente, misericordiosa, procura tener las manos limpias y el corazón puro? ¿Se siente verdaderamente feliz?
Tomémonos unos minutos para reflexionar y responder a esta pregunta. Que Dios nos bendiga.
"Luces en la penumbra de la historia" (*)
Antes de rezar la oración mariana del Ángelus, este domingo, el papa León XIV recordó que "las Bienaventuranzas revelan la luz de Dios en la historia, elevan a los humildes y ofrecen consuelo a quienes el mundo descarta".
La verdadera felicidad -dijo el sumo pontífice- "se recibe y se comparte a causa de Cristo". "Una página espléndida de la Buena Noticia que Jesús anuncia a toda la humanidad", así describió el León XIV el Evangelio de las Bienaventuranzas.
En su reflexión previa a la oración mariana del Ángelus, ante los miles de fieles y peregrinos congregados en la Plaza de San Pedro, el Santo Padre puntualizó que "estas, en efecto, son una prueba de la felicidad, son luces que el Señor enciende en la penumbra de la historia, revelando el proyecto de salvación que el Padre realiza por medio del Hijo, con el poder del Espíritu Santo".
El obispo de Roma explicó que "en el monte, Cristo entrega a los discípulos la ley nueva, que ya no está escrita en la piedra sino en los corazones; es una ley que renueva nuestra vida y la hace buena, aun cuando ante el mundo pueda parecer fracasada y miserable".
Solo Dios -destacó el papa- "puede llamar realmente bienaventurados a los pobres y a los afligidos, porque Él es el sumo Bien que se da a todos con amor infinito".
Y agregó: "Solo Dios puede saciar a quienes buscan paz y justicia, porque Él es el justo juez del mundo, autor de la paz eterna. Solo en Dios encuentran verdadera alegría los mansos, los misericordiosos y los puros de corazón, porque Él es el cumplimiento de lo que esperan"
"Dios es la fuente del rescate; en la mentira, es el ancla de la verdad. (...) Estas Bienaventuranzas son una paradoja solo para quien considera que Dios es diferente de como Cristo lo revela. Quien espera que los prepotentes sean siempre dueños de la tierra, permanece sorprendido ante las palabras del Señor (...)"
Finalmente, Robert Prevost manifestó:"Quien está acostumbrado a pensar que la felicidad pertenece a los ricos, podría creer que Jesús sea un iluso. Él es el pobre que comparte su vida con todos, el manso que persevera en el dolor, el que trabaja por la paz y es perseguido hasta la muerte en la cruz".
(*) Palabras del papa León XIV difundidas por Vatican News, a través de una nota original de Sebastián Sansón Ferrari desde Ciudad del Vaticano.