Siempre se dijo que, como piloto, el Petiso Molinelli era el mejor; que en los cielos ceresinos dibujaba maravillas a bordo del Fleet amarillo, un biplano usado para remontar primitivos planeadores hechos de madera y tela, de esos que se fabricaban en el galpón del Club de Planeadores, ubicado en el barrio Paraíso Florido, frente al paso a nivel del Molino, al lado de la fraccionadora de vino. Ahora bien, si Molinelli fue el gran aviador de los años cincuenta, por entonces Eugenia Grinkova no le iba en zaga.





































