Hace mucho tiempo que quería escribir sobre el Convento de San Francisco, quizás desde la primera vez que lo vi "entre rejas", o enrejado, como prefieran.

Hace mucho tiempo que quería escribir sobre el Convento de San Francisco, quizás desde la primera vez que lo vi "entre rejas", o enrejado, como prefieran.
Entiendo perfectamente que en su momento -me dicen que allá por 2017- se tomó la decisión de ponerle un enrejado para protegerlo de los robos y para darle mayor seguridad, pero como santafesino siento que es como haber "enjaulado" nuestro pasado, evitando el libre acceso a un lugar histórico que en muchos aspectos es único y que irradia una emblemática presencia.
Lamentablemente, sin tener acceso libre para poder apreciarlo y contemplarlo en su real dimensión, arquitectónica y artística, al estar cargado de un valor histórico que es simbólico y concreto a la vez, nos estamos privando de acceder a las huellas de nuestro pasado.
Por eso quería escribirles sobre el Convento de San Francisco, justo cuando se anuncian y promocionan los trayectos y circuitos turísticos de invierno, que involucran al patrimonio edilicio y cultural de la ciudad, con los principales edificios, lugares emblemáticos y hechos históricos más relevantes de la capital provincial.
A través de estas modestas líneas quisiera repasar su rica historia, justamente, porque ha sido una parte importante de nuestra vida religiosa, institucional y hasta política. Hoy funciona como templo, convento y museo. Además, y no es pequeño el detalle, allí descansan los restos del Brigadier General Estanislao López, en el recinto de la iglesia.
En el año 1660 se traslada la población de Santa Fe la Vieja al nuevo lugar elegido para su establecimiento, que es el actual. El convento, ubicado a la vuelta de la Casa Gris -sede del Gobierno de la provincia-, es uno de los edificios más antiguos de la ciudad y está considerado Monumento Histórico Nacional desde 1942.
Estuvo y está a cargo de los frailes franciscanos, que en la fecha del traslado levantaron un primer templo, que era de barro y paja. El templo definitivo comenzó a edificarse en 1673 y se terminó de construir en 1688. En ese contexto, a la distancia y repasando la historia del lugar, lo bueno es conocer los materiales que se usaron en aquel tiempo, que eran provenientes de la región.
Muros de tapia reforzada con piedra, cimientos de piedra de Paraná, barro y paja. Se determinó que el grosor de las paredes fuera de ocho metros. Y el techo de tejas, sobre una estructura de madera tallada a mano, sin un solo clavo. Las piezas de cedro paraguayo son una pieza maestra de la arquitectura colonial argentina.
Dentro de la rica historia del Convento puede destacarse que en 1825 ocurrió la tragedia que da pie a la denominada "Leyenda del Yaguareté": luego de una crecida del Paraná, un robusto ejemplar de esta especie entró al convento y atacó a tres sacerdotes y un civil, matándolos. En el siglo XIX se modifica su fachada y en el XX, más precisamente en 1918, se transforma, experimentando varias reformas.
Declarado Monumento Histórico Nacional en 1942, entre ese año y 1952 pasó por una importante restructuración, mientras que en 1955 sufrió daños durante las quemas de iglesias. En su interior hay imágenes del Nazareno donadas en 1653 y de la Inmaculada Concepción en 1642.
En el museo se destacan las icónicas figuras de los Congresales de la Constitución Nacional de 1853 y -además- la reliquia de la Virgen de Garay. A muchos de estos datos, debo reconocerlo, los conseguí consultando a la inteligencia artificial, que también aclara que el Convento de San Francisco es el "Mejor Ejemplo de Arquitectura Colonial" que queda en Santa Fe.
Ahora bien, al analizar la increíble historia del Convento, que excede a todos los dirigentes políticos del pasado y del presente, es que me animo a formular una propuesta. En especial porque -repito- por ahora el lugar está "enrejado" y no hay posibilidad alguna de ingresar a visitar semejante pedazo de historia de Santa Fe.
No solo los ciudadanos de Santa Fe no podemos asistir libremente a sus instalaciones, tampoco los turistas que nos visitan, por lo que es como un tesoro inalcanzable, vedado para la gente que quisiera apreciarlo, salvo que se organice en él algún acto protocolar oficial. Entonces propongo lo siguiente (y pido disculpas si alguien lo tiene entre sus proyectos para estas semanas o los meses que se avecinan):
Abrir durante el día -con horarios preestablecidos- el convento y la iglesia; motivar el acceso a la historia y las historias que sus paredes encierran; entre estas historias, poder visitar el destino final de los restos del máximo prócer santafesino y uno de los principales caudillos federales del interior del país, Estanislao López.
Como al General José de San Martín en la Catedral de Buenos Aires lo cuidan y custodian miembros del cuerpo de Granaderos a Caballo de la Nación, solicitaría que en el templo del Convento de San Francisco donde descansan los restos del Brigadier General lo acompañen miembros de la policía santafesina, más precisamente los Dragones de la Independencia, que podrían cumplir sin problemas las mismas tareas que los referidos granaderos.
Necesitamos unir nuestras voluntades para llegar con este mensaje y esta iniciativa a las más altas magistraturas de la provincia, como por ejemplo al señor gobernador. Soy un ciudadano más, solo no me resultaría fácil lograrlo, por eso insisto que como santafesinos deberíamos involucrarnos todos. Se trata de la historia de Santa Fe, de las huellas de nuestro pasado.
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