Tengo la impresión de que ese año crecí mucho. Tal vez porque ya tenía 10 años, sí, seguramente hubiera crecido de un modo u otro, por efecto de la vida, pero desde el punto de vista de mi vivencia personal, ese crecimiento está relacionado con el Mundial. Pienso que el motivo consiste en que, como niño, no conocía otro acto público y nacional del que participar, ya que, por ejemplo, no votaba ni tenía que hacer un servicio militar. Con el Mundial, tomé conciencia de que había algo más amplio que mi familia, que me unía a un montón de otras familias; como si hasta ese momento no hubiera habido más que una vida privada e interior, con aquellos de mi sangre y amigos cercanos, pero ahí, de repente, me daba cuenta de que en la calle éramos muchos bajo una misma bandera.