Las ciudades, como organismos vivos en constante evolución, deben adaptarse y crecer para satisfacer las demandas de sus habitantes. A medida que las poblaciones urbanas aumentan, surge un dilema fundamental para el urbanismo: ¿deben las ciudades expandirse horizontalmente, extendiendo sus límites hacia nuevas áreas; o densificarse e incrementar los procesos de verticalización, maximizando el uso del suelo disponible?



































