Ahora que bajó un poco la espuma, escribo algunas reflexiones desprolijas que me quedaron en el tintero. El juicio a Thomsen y su grupo se ha metido en nuestras vidas, como un reality show, a través de todas las pantallas que nos rodean. Hemos presenciado la muerte de Fernando innumerables veces y en múltiples lugares: en un living, en un dormitorio, en un barcito, en un kiosco, en una estación de servicio o en un consultorio médico. La hemos visto desde diferentes puntos de vista entre los que se encuentra la privilegiada cámara de un actor protagónico, Lucas Pertossi. La reproducción de esa emboscada que duró unos pocos segundos parece perpetuarse en busca de respuestas. La emisión del juicio por TV e Internet acaparó la atención y marcó récords de audiencia.


































