En cuanto a su insistencia, la culpa se destaca en el catálogo de sentimientos que acompañan la existencia del ser hablante. Sea para hacerse culpable de esto o aquello, sea para culpabilizar a un tercero, algo se precipita demasiado rápido en dirección a la culpa, sin importar los argumentos que legitimen su irrupción episódica. Del mismo modo, cuando se otorga la palabra a quien consulta en un espacio psicoterapéutico, tarde o temprano testimonia sobre un sentimiento de culpa ante tal o cual recuerdo o circunstancia de vida. Otras veces la culpa permanece oculta, inconsciente, y entonces se requiere de un tiempo para que pueda ser nombrada y reconocida como tal.
































