11 de enero de 1973. La experimentada enfermera del deteriorado Hospital de San Justo hace pasar el primer paciente: un nene de tres años que llora sin parar, con los ojos cerrados. Logro abrirle los párpados y veo sus conjuntivas muy rojas. Al chico lo trajo una vecina quien comentó: "Los padres estaban muy machucados y se los llevó una ambulancia para Santa Fe".


































