La dimensión de El Greco, enterrado a su muerte en el monasterio toledano de Santo Domingo el Antiguo, en una cripta profunda excavada en la tierra que hizo suya, excede con amplitud el espacio de esta página. Lo indiscutible es que fue un artista fuera de lo común, cuya obra ha alimentado las más diversas y contradictorias opiniones. En lo personal, me impresionan sus trabajos tardíos, como su "Vista (nocturna) de Toledo" (hacia 1600), "Laocoonte" y "El quinto sello del Apocalipsis" (ambas en 1608/14), con sus figuras espectrales y ondulantes sobre el fondo de una Toledo más sugerida que reproducida, definitivamente apagados los colores venecianos. Esas formas, desconcertantes en su época, resultarán inspiradoras para pintores modernos de la talla de Cézanne, Manet, Van Gogh, Picasso, Macke, Franz Marc y Kandisnky, entre otros, cuyo reconocimiento basta para liberar al griego de Toledo de las rigideces clasificatorias de los taxónomos del arte