Por su parte, el itinerante Berger, aplicado a la enseñanza de música y pintura en las reducciones del Paraguay (que incluían las del noreste argentino, el suroeste brasileño y el alto Uruguay), arribará a la ciudad de Santa Fe la Vieja, donde en 1634 pintará el cuadro de la Inmaculada o Limpia Concepción que motiva esta nota, obra que se hizo famosa luego de que se produjera lo que fue visto por los religiosos de entonces como un prodigio. El hecho ocurrió el 9 de mayo de 1636 y quedó registrado en la Carta Anua correspondiente al período 1635 – 1637, redactada por el padre provincial Diego de Boroa bajo el título "El sudor milagroso que sale de la imagen de la Virgen". Allí relata que mientras el padre rector del colegio, Pedro de Helgueta, se encontraba rezando, la imagen empezó a humedecerse. Y respecto de su autor, Boroa deja constancia precisa: "Habíala pintado, no hace mucho tiempo a esta parte (dos años antes), nuestro Hermano Luis Berger." A su turno, el padre Jarque vincula el fenómeno con la muerte del padre Pedro de Espinosa, que, en Santa Fe, antes de partir hacia las reducciones del norte, les había manifestado a otros dos religiosos (el hermano Mateo Fernández y el padre Ruiz de Montoya) que en ese viaje iba a morir. Jarque asocia los episodios, ya que cuando Espinosa partió hacia las misiones, se produjo "el llanto en la imagen de la Virgen, ubicada en el altar de los Congregantes". Además, menciona que luego del "sudor", el rector hizo levantar al escribano medio centenar de testimonios de vecinos para documentar el acontecimiento, acta que aún se conserva. También es cierto que, siglos después, otro jesuita, el misionero e historiador Carlos Leonhardt, manifestó con apego alemán a la ciencia, que en nuestra región "en los meses de invierno se puede observar repetidas veces dicha destilación producto de una excesiva humedad atmosférica". Lo que en cualquier caso permanece, aunque muy retocado, es el cuadro de la Virgen, hasta ahora el más antiguo pintado en la Argentina.