Varias veces estuve en España, esta nota la escribo en Madrid. Es la primera vez que la miro no como el periodista/ turista/visitante sino como el afligido argentino que viene de diez meses agitados en el alma nacional como muy pocas veces en mi historia, que comienza en la década del 40. Sumergirse en los pequeños atajos y callejuelas de los pueblos de España es, en cierto modo, meterse en su forma de entender el día, la secuencia del almanaque y, finalmente, la vida.




































