I
El poder de la palabra y el ingenio en la política se desvirtúan cuando se transforman en insultos, reflejando una peligrosa tendencia hacia la trivialización del debate.

I
Alguna vez Juan Domingo Perón (1895-1974) dijo que Dios tiene prestigio porque se muestra poco. En la misma línea, todo líder sabe que el balcón es importante, pero todo líder también sabe que al balcón hay que usarlo poco.
Esa verdad es la que Cristina no puede, no sabe o está condenada a no asimilar porque el único espacio político y físico que dispone es el balcón de San José 1111, una esquina que más que destinada a la soledad está destinada a la melancolía cuando no al anacronismo.
II
Hay párrafos, fragmentos, instantes, en los que Javier Milei exhibe chispazos de talento, improvisaciones ingeniosas, brotes de humor, pero sin duda que sus momentos de plenitud, los momentos en que su personalidad transita por los bordes del éxtasis, es cuando insulta.
En esos trances poco importa la verdad o la mentira, la virtud o el vicio. A esos estados de plenitud orgiástica a los que el presidente accede con tanta facilidad como frecuencia, esos detalles de la vida no les importa.
III
A su manera y en su estilo Milei hizo realidad un añejo principio de sabiduría democrática que sostiene que en un país con sufragio universal la personalidad más extravagante, más insólita, más bizarra, puede ser honrada con la condición de presidente.
Si Milei llegó a la Casa Rosada, muy bien podría llegar a ella, por ejemplo, un pastor electrónico cuya platea inicial dispone de una sorprendente originalidad: no es argentina.
Esos niveles de audacia frenética, esa desinhibición para amenazar con el salto al vacío, esa suerte de euforia etílica para entusiasmarse con lo extravagante sin mediar las consecuencias, es posible que sea uno de los rasgos distintivos de ese escurridizo "ser nacional" que nacionalistas y religiosos rastrean en nuestro pasado con tanta fe y perseverancia.
IV
Puede haber políticos ingeniosos, políticos ocurrentes o políticos pícaros, pero importa saber que el humor como ejercicio espiritual está distanciado de la política como la poesía del insulto o el amor de la lascivia, por la sencilla razón de que el humor está reñido con el poder y en más de un caso es su enemigo más eficaz.
Sin embargo, conocemos de políticos que en ciertos instantes revelan humor, ingenio, momentos en los cuales una frase, a veces una sonrisa, dan cuenta de una sensibilidad cultivada.
¿Y entonces? Entonces es que podemos permitirnos decir que estas ráfagas de lucidez oral más que un homenaje al fosforescente resplandor del poder es un homenaje a esa cuota preciosa de libertad que se obstina por sobrevivir a pesar de las rutinas de un oficio político concebido por más de uno como sometimiento a las rutinas del poder.
V
A un exgobernador santafesino se le atribuye haber dicho que mucho más grave que perder una elección es la cara de boludo que te dibuja la derrota. Con la licencia del caso, podríamos permitirnos corregir el aforismo y decir que lo que peor que le puede ocurrir a un político corrupto no es que lo descubran, sino la cara de boludo que su fechoría hizo visible.
Cualquier duda, mirar algunas recientes fotos de Manuel Adorni. Sí Adorni. El mismo que en una conferencia de prensa usó el término "apenas un periodista". ¿Por qué "apenas"? ¿Porque no viaja en aviones privados? ¿Porque no se aloja en hoteles de 3.000 dólares la noche? ¿Porque no compara departamentos de 250.000 dólares con garantías hipotecarias de generosas jubiladas?
¿Sabrá el ministro preferido de Karina que el adverbio "apenas" fue empleado en 1949 por Hugo Fregonese para titular su película "Apenas un delincuente"? La película la interpretó Jorge Salcedo, pero más de uno estaría tentado a recurrir a ese título para una comedia de cómicos a la legua con protagonismo decisivo del impenitente viajero en aviones privados. Fin.
VI
El creciente protagonismo de las mujeres en política sin duda que ha sido una conquista civilizatoria y justa porque una democracia que merece ese nombre no excluye por razones de género, como tampoco excluye por razones de raza o religión.
Dicho esto, corresponde decir que las truculencias de Lilia Lemoine, María Villaverde, Juliana Santillán, Marcela Pagano, entre otras, y las descalificaciones groseras que se infligen entre ellas, no contradicen este principio universal, salvo el exceso retórico de aquella ilusión feminista que postulaba que la llegada de las mujeres a la política elevaría su nivel y mejoraría su calidad.
Como contrapartida a esta conclusión algo pesimista, registramos la presencia de mujeres valientes y talentosas, mujeres que no necesitan de un "cupo" para ganarse un lugar en la política, en la historia o en la vida, mujeres cuya lucidez no proviene exactamente de su pertenencia a un género, sino de su pertenencia a la condición humana.
VII
La pulsión de los políticos por merodear peligrosamente entre el ridículo, lo patético y lo trágico. Mauricio Macri bailando cumbia en el balcón de la Casa Rosada; Axel Kicillof pretendiendo conjugar los verbos; Alberto Fernández disculpando a su esposa por una fiestita de cumpleaños; Javier Milei besando en la boca a su novia en un escenario...
Luis Caputo hablando con giros de macho porteño; Santiago Caputo convencido de ser una versión nativa de Peaky Blinders; Carlos Menem reflexionando sobre los escritos de Sócrates y las novelas de Jorge Luis Borges.
Perón confesando que es un "león herbívoro" mientras José López Rega le sirve un café y Milo de Bogetich, el croata criminal de guerra por el que el propio General manifestaba una conmovedora debilidad, le enciende un cigarrillo.
VIII
"Lo volvería a hacer", exclama con fe cortesana el personaje que ganó las mieles de la fama secando con un pañuelo la nuca transpirada de Claudio "Chiqui" Tapia. El personaje que luce una cortesana convicción se llama Luciano Nakis. Las vueltas de la vida.
¿Habrá imaginado el abuelo armenio de Nakis, quien mientras resistía el genocidio turco, su nieto dos generaciones después ganaría un lugar en la historia como masajeador real de la nuca del ex yerno de Hugo Moyano?
IX
Nunca sabremos con certeza si la pulsión que moviliza a ciertos peronistas para convencernos de la inocencia de Cristina, proviene del fanatismo que ciega, de la ingenuidad que estupidiza o de la mala fe y complicidad que envilece.
Algunos de sus devotos balbucean la hipótesis de que el corrupto era Néstor, transformado gracias a ese gambito verbal en una variable sui generis de machista "nacional y popular". Seamos serios. Considerar a Cristina víctima de la codicia compulsiva del marido es negarle atributos personales, es reducirla a una abogada exitosa sumisa a un marido despótico y rapaz.
A no llamarse a engaño. Un cristinista de ley debe admitir -so pena de faltarle el respeto a la jefa- que la corrupción, e incluso los bordados más elegantes de la cleptocracia, pertenecen a ella.
X
Cuando Myriam Bregman y Nicolás del Caño convocan a luchar contra el capitalismo, ¿incluyen en esa convocatoria la dictadura del proletariado como solución política? ¿La dictadura con sus fusilamientos y ejecuciones en masa como lo enseñara y practicara su guía y maestro León Trotski?
¿Y en esa sociedad idílica que ellos nos prometen vivir, se dispondrá de la misma libertad que ellos disponen en el indigno, sucio y explotador capitalismo? ¿O volverá a reiterase la paradójica y dolorosa ironía histórica que persigue a los trotskistas como una maldición?
¿O nos hemos olvidados que en todas las revoluciones del siglo XX, revoluciones que los trotskistas alentaron con bríos desaforados, las primeras víctimas fueron ellos?
XI
En otros tiempos que ahora nos parecen muy lejanos, quienes se peleaban con el Papa eran los librepensadores, los masones, los ateos irredentos y de vez en cuando algún teólogo luterano o algún rabino ortodoxo. Hoy el que sube al ring para medirse contra su santidad es el presidente de Estados Unidos.
Y pensar que no hace tantos años Ronald Reagan, Karol Wojtyla (Juan Pablo II) y Margaret Thatcher constituían el triángulo de hierro para luchar contra el comunismo. Palabras más palabras menos, no deja de sorprendernos que por primera vez en la historia, un Papa está a la izquierda de un titular de la Casa Blanca.
Dicho con otras palabras, y en nombre de mi agnosticismo irredento, me responsabilizo para decir que prefiero un Papa que le promete a la civilización un paraíso sostenido exclusivamente por la fe, a un presidente yanqui que promete aniquilar una civilización.




