La colonización agraria era promovida desde el siglo XVIII por las ideas de la Fisiocracia, corriente de pensamiento económico desarrollada fundamentalmente en Francia y que en Buenos Aires tuvo difusores como Hipólito Vieytes.
Aarón Castellanos impulsó la creación de la colonia "La Esperanza" en 1856, enfrentando desafíos para establecer un núcleo urbano con colonos europeos.

La colonización agraria era promovida desde el siglo XVIII por las ideas de la Fisiocracia, corriente de pensamiento económico desarrollada fundamentalmente en Francia y que en Buenos Aires tuvo difusores como Hipólito Vieytes.
Este último, hacia 1802, ya publicaba sus escritos en el Semanario de Agricultura, Industria y Comercio, donde proponía el progreso de la sociedad a través del trabajo agrario y del intercambio de bienes o servicios. Varios fueron los intentos de atraer colonos a estas tierras, principalmente en la primera mitad del siglo XIX para asentarlos en la provincia de Buenos Aires.
Después de los sucesos de mayo de 1810, surgieron disposiciones de la Primera Junta para tal fin con las que se autorizaba el asentamiento y derechos como ciudadanos a los portugueses, a los ingleses y se ampliaba a todos aquellos que no estuviesen en guerra con el incipiente país y que desarrollaran labores de campo.
Entre 1825 y 1826 tres contingentes de agricultores ingleses se embarcaron hacia estas tierras y con diversas dificultades para cada uno de los grupos (guerra con el Brasil, rechazo de los habitantes locales) se asentaron en las cercanías del convento de San Pedro en la que fue la primera colonia agrícola, aunque no llegó a progresar.
El visionario empresario Aarón Castellanos, propuso un plan de colonización al gobierno nacional y al de la provincia de Buenos Aires, sin lograr resultado alguno. En cambio, el gobierno de Santa Fe apoyó su proyecto de establecer 1.000 familias de agricultores europeos en cinco colonias, de las cuales pudo concretar solo una.
"La Esperanza", justamente, se llamó esa única colonia, que logró consolidarse al oeste de la capital provincial a partir de 1856. Con la confianza en la tierra y el trabajo de roturar, sembrar amén de luchar contra las condiciones negativas naturales y las humanas, se generó un núcleo urbano en el centro de la colonia.
A los dos años de firmado el Contrato, Aarón Castellanos había planteado la necesidad de destinar cinco cuadras de frente y cuatro de fondo en el centro del emprendimiento como base para los servicios del comercio, la justicia y la religión.
Los trabajos de delimitación de la colonia en el sitio al oeste del río Salado (contrariando la idea original de ubicar las colonias con salida al río Paraná) los realizó el agrimensor Augusto Reant quien se basó en un esquema previo del agrimensor Enrique Foster, aunque no subsisten registros gráficos firmados y fechados.
Con esta mensura, se concretaron dos sectores reticulados de concesiones de cuatro por cinco manzanas cada una y separadas por calles de quince a veinte varas y en el centro, una lonja ancha igual a cuatro manzanas -una más que las estipuladas en el Contrato-, es decir unos 500 metros.
Según el deseo del propio Castellanos, esta subdivisión permitiría la mayor proximidad entre los dos grupos fonéticos (francés al este y alemán al oeste), situación clave para la identidad y la orientación en el espacio.
Los colonos edificaron sus casas habitación en las esquinas de las concesiones, formando sectores de cuatro viviendas en los ángulos externos de los terrenos destinados a la labranza, en similitud a lo que había ocurrido en la ciudad hispanoamericana.
Estas ubicaciones de habitaciones rurales formaban una mayor relación entre los colonos por proximidad y practicidad de vincular la vivienda con los caminos entre concesiones como también por necesidad de defensa. La distribución se puede apreciar en el plano conservado en la comuna de Birmensdorf, Cantón de Aargau-Suiza.
La "calle ancha" se amojonó en 1856 mediante la mensura del agrónomo Demetrio Isola resultando 96 manzanas para ser ocupadas por viviendas y otros edificios con la reserva de cuatro para la plaza.
Esta ampliación de la superficie de la plaza es la gran novedad del planteo urbano de Isola que quedó, finalmente, registrado en un croquis que se elevó el 16 de diciembre de 1858 a solicitud del gobierno santafesino al Administrador de la Colonia, Adolfo Gabarret, sobre la ocupación efectiva del suelo urbano de la colonia.
El pedido se realizó pues, subastadas las parcelas en julio de ese año, habían quedado en posesión de conspicuos personajes del quehacer político y económico santafesino que no acataron efectivamente la disposición de levantar un rancho en el año siguiente a la compra del lote.
De este modo, se dejaron al margen a los inmigrantes agricultores y solo hubo una excepción, la de Federico Bosch quien ejerció el comercio y habitó con su familia en el solar adquirido.
El croquis de Gabarret se constituye en el primer plano del pueblo y en el que se marca una continuidad del trazado de las concesiones (superficies casi cuadradas de 600 varas de este a oeste y 750 varas de norte a sur, es decir unos 519 x 645 metros) separadas por calles de 20 varas que concurren a las medianas de la plaza.
De la manera anteriormente descripta, el casco urbano se organiza en manzanas cuadradas y con una plaza central a la colonia en la faja de separación, distante una cuadra de cada uno de los dos grupos de concesiones.
Este es el punto más importante pues la plaza de Esperanza aparece dibujada con una superficie que abarca cuatro manzanas de modo tal que, si bien en parte se mantiene el esquema hispanoamericano de la plaza central como núcleo generador de la urbe, la superficie extensa es diferente del prototipo urbano difundido por la ocupación del territorio de los españoles.
La plaza generada con tan amplia superficie resultó más de una relación práctica que de una teorización urbana ya que "la calle ancha" había sido pensada inicialmente con una longitud equivalente a tres cuadras y al trazar los dos sectores de concesiones, la separación fue mayor en una cuadra, por lo que "la calle ancha" pasó a tener cuatro cuadras.
Desde esta realidad, la demarcación de la plaza central con una manzana al modo hispano hubiera resultado descentrada respecto a las aspiraciones de los colonos que pretendían que sea el centro mismo de toda la colonia. Si se hubieses ocupado una manzana para la plaza, habría resultado distante una cuadra a un grupo de concesiones y dos cuadras al otro grupo.
Por ello, se deduce que para arribar a una solución que conformaría a ambos grupos, se ocuparon cuatro manzanas quedando de este modo equilibrada la disposición del suelo urbano respecto a las retículas de las concesiones. No se ha encontrado documentación escrita que avale esta deducción, pero sí se corresponde a los deseos de los colonos de que la plaza sea el centro del espacio urbano.
La presentación al Consejo Municipal en la sesión del 21 de agosto de 1862 realizada por Luis Vanstratt para que se determine si la plaza era centro real de la colonia da lugar a confirmar la presunción de que, para ajustarse a los deseos de todos los colonos, la plaza se trazó ocupando una mayor superficie que la hispana ganando no sólo en superficie sino en similar distancia de cada sector.
El espacio urbano surgido luego de la ocupación de las concesiones agrarias y en el centro de las mismas para servicio a los pobladores rurales, resultó una retícula regular semejante a la que organizó el urbanismo hispanoamericano, pero ya con las amplias dimensiones de sus calles, manzanas y, principalmente, la plaza central, propias de la cultura del siglo XIX que promovía con intensidad el progreso de las ciudades en sus aspectos edilicios, organizativos, funcionales y sanitarios.
Esperanza concretó el ideal de hacer posible el pensamiento y la aspiración de que, en palabras de Juan Bautista Alberdi, la Nación pasara a "ser un mundo opulento en poco tiempo" y, el poblado central, fue ciudad física que hizo materia, también, el sueño de Aarón Castellanos de una ciudad pujante y pródiga como centro de la colonia agrícola.
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