“Caminito que el tiempo ha borrado/ que juntos un día nos viste pasar/ he venido por última vez/ he venido a contarte mi mal”.
“Caminito que el tiempo ha borrado/ que juntos un día nos viste pasar/ he venido por última vez/ he venido a contarte mi mal”.
Así comienzan los versos de Caminito, tango de la autoría de Gabino Coria Peñaloza con música de Juan de Dios Filiberto. Quienes lo conocen, seguramente intuyen que las raíces de este tango, conocido también en muchas partes del mundo, se radican en el barrio porteño de La Boca, ya que la principal y emblemática calle de ese barrio lleva precisamente el mismo nombre.
Sin embargo no es así. El origen se remonta a la provincia de La Rioja, más precisamente a un pequeño pueblo llamado Olta. Siendo el autor un joven de apenas 22 años, nacido en La Paz, provincia de Mendoza, después radicado en Chilecito.
Desde ahí y por razones de trabajo, debía trasladarse a caballo hasta San Luis, pero la crecida del río, no le permitió seguir su camino y se quedó varado en Olta, el mismo pueblo en cuya plaza había sido exhibida en una lanza la cabeza de su tatarabuelo por línea materna: el célebre caudillo riojano Ángel Vicente “Chacho” Peñaloza, bisabuelo de María Natividad del Señor Peñaloza, madre de Gabino.
En razón de tener familiares en ese pueblo, fue hospedado en la casa de una mujer mayor, muy distinguida, donde se celebró una velada a modo de tertulia con su presencia.
En esa vivienda había un piano de cola y cuando se le pidió a la anfitriona que lo tocara, no quiso hacerlo porque hacía poco tiempo había fallecido un familiar y consideraba que todavía debía guardar el duelo.
Pero accedió a que lo hiciera una de sus alumnas, ya que era profesora de música, y convocó a una agraciada jovencita de nombre María Rogelio Ortiz, que deslumbró a Gabino no sólo por su arte sino por su belleza.
La joven, por su parte, también se sintió atraída en forma recíproca, y así nació un idilio entre ambos.
Pero como la niña había sido prometida por sus padres a un militar de alto rango de Olta, solían ocultarse en un lugar conocido como Loma Blanca, donde se llegaba por un sendero de dos kilómetros desde Olta, al que los lugareños llamaban “el caminito”.
Transcurrida una semana, bajaron las aguas del río, y Gabino debió seguir viaje a San Luis, pero le prometió a la niña volver. Transcurridos algunos meses así lo hizo, para pedir su mano, pero fue rechazado por los padres de María, sin que pudiera ni siquiera verla, porque había sido enviada a un lugar de la provincia de Córdoba, y embarazada, según le fue anunciado por alguien del lugar.
Ante la imposibilidad de comunicarse con la joven, regresó a Chilecito y escribió los versos que guardó, hasta que se radicó en Buenos Aires.
En la capital trabó relación con Gardel y otras figuras, entre ellas Benito Quinquela Martín, quien le presentó al músico Juan de Dios Filiberto a quien le confió los versos que había escrito, y así nació el tango que se ha convertido en uno de los más célebres de este género.
El tango fue estrenado por Carlos Gardel, pero paradójicamente no tuvo mayor repercusión no obstante semejante intérprete y haber ganado el primer premio en el concurso de canciones nativas en los corsos oficiales de Buenos Aires en 1926.
Sí la tuvo cuando lo cantó Ignacio Corsini en una obra en el antiguo teatro “Cómico”, después conocido como el “Lola Membribes”, y desde entonces se convirtió en uno de los tangos más conocidos a nivel mundial, junto con “La Cumparsita” y “Por una Cabeza”.
El nombre “Caminito” que lleva la emblemática calle del barrio de La Boca responde a que Benito Quinquela Martín, junto con un grupo de vecinos, casi todos genoveses, decidieron recuperar la antigua vía del ferrocarril que se había convertido en un basural, y transformarlo en un museo a cielo abierto y calle peatonal.
Trabajaron arduamente en la limpieza del lugar y, el 10 de septiembre de 1959, el Concejo Deliberante de Caba sancionó la ordenanza que a iniciativa de Quinquela Martín le asignó el nombre “Caminito”, como reconocimiento a la figura de Juan de Dios Filiberto, autor de la música del tango y dada su también vinculación con el barrio de La Boca, donde residía en la calle Magallanes 1150.
La inauguración de tan emblemático paseo, se realizó ante una multitudinaria congregación de vecinos el 18 de octubre de 1959, convirtiéndose desde entonces en una de las más importantes y tradicionales atracciones turísticas para cuanto extranjero visita Buenos Aires.




