Hace unos días visité Israel, un país pujante, innovador, que se propone estar en transformación permanente. Fui con tres objetivos concretos: intercambiar herramientas de gestión, principalmente en innovación y tecnología; aprender de la experiencia económica Israelí de la década del 80, y reunirme con los protagonistas de los gobiernos de coalición que en las últimas décadas lograron consensuar las reformas profundas que Israel necesitaba para crecer en forma sostenida.




































