Cuando en el año 2020 vi por primera vez en las noticias a Graciela Sosa y Silvino Báez, compartí su dolor y aflicción, y al mismo tiempo admiré su fuerza y paciencia. Esta admiración se convirtió luego en una amistad cuando los conocí personalmente. Desde entonces, he tenido la posibilidad de realizar con ellos diferentes actividades solidarias en recuerdo de Fernando. El momento más emotivo para mí fue cuando los acompañé junto con otros representantes de diferentes credos en una oración interreligiosa que se realizó en el mismo lugar y el mismo día del crimen. Considero que nuestra amistad es también un ejemplo de fraternidad interreligiosa porque ellos son devotos católicos y yo soy musulmán.
































