Este es el punto. Detengámonos. El cronista, este cronista, como tantos, aplaude, sale con pancartas, se espanta, se retuerce y/o canta alabanzas a la coyuntura. En la medida de lo posible, según el tráfico hasta la noche, encuadra en el ayer y en el mañana los sucesos. Está en el espacio/tiempo. Los hechos suceden y se debe dar constancia, certificar su existencia según el amor y el odio, según la pintura de la biblioteca que se tenga en el hemisferio izquierdo. El que, desde una lejanía mira está facilitado a una tarea, autorizado, definitivamente acotado a una tarea: no está en el cine y no está entre los actores de la película. Opina desde el ayer y hacia el mañana.