Nacido como estación ferroviaria, este municipio enfrenta hoy el reto de la migración y el envejecimiento, reflejando una tendencia común en el norte de la provincia.
En la vasta geografía santafesina, Logroño se inscribe en esa constelación de 133 municipios que no alcanzan el susurro de mil voces. En los últimos días cobró notoriedad por la realización de una pueblada pacífica a favor de la instalación de una planta de desmotado de algodón, la cual dejó una herida de 30 hectáreas de árboles talados en una zona protegida.
El proyecto fue paralizado en marzo de 2025 luego de la aplicación de un freno jurídico. Más allá de la situación particular, la cual no es propósito analizar en las presentes líneas, Logroño es un buen caso para poder comprender la situación demográfica que atraviesa un número importante de los municipios santafesinos, que en las últimas décadas ven disminuir o solo mantener sus montos poblacionales.
El surgimiento
La historia de Logroño es la crónica de una esperanza ferroviaria, ya que surge como estación, sobre la línea Santa Fe-La Quiaca, del actual Ferrocarril General Belgrano, librada al servicio público el 1 de mayo de 1891. En 1911 los señores Domingo Barrenechea y Gonzalo Sáenz, inmigrantes españoles, fundan el pueblo cuyos planos fueron aprobados por decreto del 25 de agosto del mismo año.
No obstante, dicho pueblo se conoció con el nombre de Estación Portales, hasta que, por ley provincial N° 2371, del 28 de setiembre de 1971, adquiere la denominación actual. La comuna quedó constituida el 7 de abril de 1926.
Constituye uno de los once municipios del último departamento santafesino en crearse: 9 de Julio, ubicado en el ángulo noroeste provincial y que tiene la particularidad de limitar con dos provincias: Santiago del Estero al oeste y Chaco al norte.
Con su amplia extensión de 1.148 kilómetros cuadrados, esta comuna que cuadriplica la superficie del municipio de Santa Fe, es una de las de mayor dimensión de la provincia.
Si bien la totalidad de su población es rural, la mayor parte se concentra en la localidad homónima -Logroño- y el resto reside a campo abierto. Como relictos de un pasado donde el vapor y el hierro eran promesa de progreso, se levantan viejos parajes como: Independencia, Kilómetro 293, Villa Clotilde y Estación Portales.
Casi la totalidad de los habitantes del extenso municipio se asientan en la localidad de igual denominación. En su diseño "urbano", el plano tiene la particularidad que ni la Ruta Provincial N° 2 ni el ferrocarril alteran el damero casi perfecto de treinta manzanas, ya que dichas vías envuelven a la localidad sin profanar su geometría.
Recorrer sus calles implica sumergirse en un árbol genealógico y patriótico: desde la plaza dedicada al General José de San Martín hasta los boulevares que rinden tributo a la estirpe fundadora (calles Gonzalo Sáez y Berrenechea) y a la corriente migratoria (Av. Inmigrantes y Bv. Castilla).
Su población
La localidad de Logroño cuenta con 810 habitantes según los datos del último censo nacional, el de 2022. La cifra se mantiene casi constante desde 1991, oportunidad en la cual totalizaba 862 habitantes. No obstante, tras esta aparente estabilidad se oculta una erosión preocupante.
Logroño es el espejo de otras pequeñas comunidades que afrontan el desafío de permanecer.
Al focalizar sobre la dinámica demográfica entre los últimos dos censos, se observa que, si bien la disminución poblacional que ocurre entre 2010 y 2022 fue de cincuenta habitantes, la sangría fue aún mucho mayor ya que durante esos años se produjeron 140 nacimientos y 62 defunciones.
Por lo tanto, el saldo migratorio arroja valores negativos de 128, es decir, durante el último período intercensal de cada cien personas quince emigraron de Logroño.
Otro aspecto demográfico que resulta de interés tener en cuenta, además de la pérdida poblacional por migraciones, es el cambio que se está dando por el envejecimiento vinculado a la disminución de la fecundidad y al aumento de la esperanza de vida.
En este sentido, el año 1991 se daba una relación 13 adultos mayores por cada 100 niños y jóvenes, incrementándose la misma a 39 en 2022. Es decir, mientras que en 1991 había casi ocho niños y jóvenes por cada adulto mayor, actualmente no alcanza la cifra de tres niños y jóvenes por cada adulto mayor.
Este cambio demográfico es vital tener en presente en la definición e implementación de una política demográfica tendiente a contrarrestar la histórica dinámica expulsora de la población del norte santafesino, ya que ahora se pone en juego también la ralentización, o disminución en algunos casos, de la población por su propio comportamiento natural caracterizado por la disminución en el número de nacimientos.
Logroño no es solo un caso de estudio, es el espejo de otras pequeñas comunidades que afrontan el desafío de permanecer. La reciente reforma de la Constitución provincial introdujo un avance significativo al unificar la denominación de los gobiernos locales bajo el estatus de municipios y reconocerlos como el segundo nivel de la jerarquía institucional de la provincia, independientemente de su cuantía demográfica.
Pero resulta necesario la formulación y aplicación de políticas demográficas tendientes a fomentar el arraigo territorial de la población en pos de evitar que el destino de algunos municipios corra el riesgo de diluirse en el horizonte de la llanura, allí donde el mapa deja de ser vida para convertirse en nostalgia.
El autor es profesor titular de la cátedra Geografía Argentina, en la Facultad de Humanidades y Ciencias, Universidad Nacional del Litoral.