Los adultos, a los chicos les dicen que tienen que decir la verdad, sea la que sea, porque la mentira tiene las patas cortas. Sin embargo, los adultos son a veces amigos de la mentira, y los chicos se dan cuenta de esta paradójica amistad porque pronto aprenden a decir mentiras. Y en el mundo de la mentira de los adultos, de ciertos adultos, de acá y de allá, destacan los relatos, los discursos, las palabras dichas o escritas que faltan a la verdad, algunas veces sin disimulo, a fin de satisfacer ciertos oscuros intereses.





































